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El colágeno tipo 1, en su esencia, es una proteína que el organismo produce con el fin de promover la elasticidad y firmeza de la piel, a partir del crecimiento de nuevas células. También actúa en el fortalecimiento del cabello y del sistema musculoesquelético, cumpliendo un papel fundamental en las articulaciones.

Sin embargo, aunque se sintetiza internamente en nuestro cuerpo, esta producción comienza a reducirse con el tiempo, lo que refuerza la idea de que la suplementación de esta proteína es muy importante a medida que envejecemos.

A partir de esa proteína, entonces, se realiza su hidrolisis, caracterizado por la ruptura de las cadenas de colágeno, transformando este polímero en péptidos, a través de un proceso llamado hidrólisis térmica. En otras palabras, la proteína de colágeno se divide en varios pequeños pedazos.

El resultado de este proceso es el famoso colágeno hidrolizado.

Pero ¿cuál es el propósito de “dividir” el colágeno en varias partes pequeñas? Bueno, curiosamente, no hay un solo propósito, sino muchos.  He aquí algunas de las principales razones:

  • Facilita la absorción en el organismo
  • Facilita su inclusión en la dieta
  • Participa en la creación de suplementos.
  • Participa en la creación de productos de belleza.
  • Previene las úlceras gástricas
  • Previene y trata la osteoporosis

Como se puede ver, la hidrólisis del colágeno es un proceso que resulta en múltiples beneficios, tanto para nuestro organismo como para el sector industrial.

En el mercado actual, lo que hace tan importante a esta proteína es su gran biocompatibilidad con los tejidos del cuerpo humano, ya que los péptidos que se derivan de este proceso tienen la capacidad de cambiar según sea necesario.

Una materia prima esencial para las industrias farmacéutica, nutracéutica, biomédica y cosmética

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